Maria AUSILIATRICE

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lunedì 15 febbraio 2016

Affidamento 5. VELA POR NUESTRO INSTITUTO Y POR TODA LA FAMILIA SALESIANA

VELA POR NUESTRO INSTITUTO Y POR TODA LA FAMILIA SALESIANA
Las primeras palabras del Carta de la Identidad Carismática de la Familia Salesiana son estas: " Con humilde y gozosa gratitud reconocemos que Don Bosco, por iniciativa de Dios y por la materna mediación de María, dio comienzo en la Iglesia a una experiencia original de vida evangélica. El Espíritu plasmó en él un corazón habitado por un gran amor a Dios y a los hermanos, especialmente a los pequeños y pobres, y le hizo de ese modo Padre y Maestro de una multitud de jóvenes, además de Fundador de una extensa Familia espiritual y apostólica"[1]. Somos por lo tanto una Familia nacida del corazón de Dios, pero confiada a María desde el primer momento de su nacimiento, cuando Don Bosco tuvo el sueño de los nueve años. Siempre es conmovedor recordar aquel primer sueño que es el fundamento de la vida apostólica de nuestro Padre. Todas las palabras y los gestos tienen una dimensión profética. Allí María se presenta como la Madre y la Maestra, pero también como la protectora de toda su obra:  
En ese momento, junto a Él, vi a una mujer de aspecto majestuoso. Contemplándome cada vez más desconcertado en mis preguntas y respuestas, hizo señas para que me acercara a Ella y, tomándome bondadosamente de la mano, me dijo: —Mira … En tal instante, siempre en sueños, me eché a llorar y rogué a aquella Señora me hablase de forma que pudiera comprender. Entonces Ella me puso la mano sobre la cabeza, diciéndome:—A su tiempo lo comprenderás todo.[2] En este sueño María toma de la mano al pequeño Juan, que  cuando se encuentra delante de una misión tan grande, se echa a llorar y, cuenta don Bosco, en aquel momento de angustia y extravío María me puso la mano sobre la cabeza. Don Bosco siente vivamente la presencia de María como guía y protectora de aquella obra que tendrá que cumplir como Padre y Fundador de una gran Familia totalmente entregada a los jóvenes.   
Don Bosco, habiendo experimentado en la fundación y desarrollo de su obra que "María lo ha hecho todo”, incluso con intervenciones extraordinarias, dedicó la naciente Congregación a la Virgen con el título de Auxilio de los Cristianos. Recibiendo más tarde la inspiración de María de fundar el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, quiso que fuera un monumento vivo de su gratitud a la Auxiliadora. A Ella le confió también a los Salesianos Cooperadores, para que los protegiera y encontraran en Ella inspiración en la tarea apostólica. También instituyó la Asociación de los Devotos de María Auxiliadora, vinculada al santuario de Turín como una señal de gratitud por la presencia materna de la Virgen en toda su obra. Esta especial referencia a María ha marcado vivamente la identidad carismática y espiritual de los varios Grupos de la Familia Salesiana surgidos a lo largo del siglo XX.  María es considerada no solamente como Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los Cristianos, sino también como Madre de la toda la humanidad,  de modo que colaboradores y colaboradoras de diversos Grupos de la Familia Salesiana, pertenecientes también a otras religiones, alimentan una sincera devoción hacia Ella. Por lo tanto, se puede afirmar con fundamento  que la Familia Salesiana es una Familia Mariana.[3]   La devoción a María fue (junto a la de Jesús Eucaristía y al Papa) una de las tres devociones que marcaron la vida espiritual y apostólica di Don Bosco. Toda la Familia Salesiana es y se siente Familia mariana, nacida por la solicitud materna de la Inmaculada Auxiliadora. Todos los Grupos, en efecto, expresan esa convicción en los textos constitucionales propios.[4]
Nosotros, FMA pertenecemos a esta Familia: "Nuestro Instituto es parte viva de la Familia Salesiana … En la Familia Salesiana compartimos la herencia espiritual del Fundador y, como en Mornese, ofrecemos la aportación original de nuestra vocación"[5], y por eso sentimos la necesidad de confiarnos a María no solo como Instituto, sino como Familia y confiarle a Ella todo lo que nos es más querido.  
El acto de entrega a diario a María caracteriza, pues, nuestra espiritualidad. La entrega es un dinamismo ascendente: es realizar el gesto del don de sí para responder con generosidad a una misión que llevar a cabo; pero es también un dinamismo descendente: acoger con confianza y reconocimiento la ayuda de la que guió a Don Bosco y sigue guiando a la Familia espiritual que en él tuvo su origen.[6]




[1] Carta de la Identidad Carismática de la Familia Salesiana, art. 1.
[2] www.conoceadonbosco.com/.../Memorias%20del%20Oratorio.doc
[3] Cfr. Carta de la Identidad Carismática de la Familia Salesiana, art. 11.
[4] Cfr. Ibi, art. 37
[5] C 3
[6] Cfr. Carta de la Identidad Carismática de la Familia Salesiana, art. 37.

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